“Quedarse en casa no es un proyecto”
Hay futuro después de los 50 años

Cuando hablamos de “futuro”, “vocación”, “proyecto”, rápidamente pensamos en jóvenes imaginando su porvenir. Además, solemos, asociar la proyección de la vida en términos laborales. Esta invocación obedece a ciertos prejuicios que imaginan que en la vejez ya no queda nada nuevo por vivir, que es un tiempo pasivo, sin acción, que después de jubilarse se termina nuestra etapa creativa. Sin embargo, la expansión de la longevidad impulsa a muchas personas mayores de 50 a emprender una “segunda vida” en general postergada por las obligaciones de la edad adulta. A veces esto significa aprender algo nuevo, reencontrarse con una vieja pasión o seguir alimentando alguna vocación. 

En el mejor de los casos, en esta segunda mitad de la vida tenemos la chance de jubilarnos; los hijos se independizaron y, si el cuerpo y la salud nos acompaña, se habilita mucho tiempo para que lo aprovechemos en actividades que nos hagan felices. Según los investigadores Rodrigo Serrat y Valentina Cannella “desde una perspectiva del ciclo vital se ha propuesto entender la jubilación como un proceso de adaptación a una nueva etapa de la vida en la que el trabajo no ocupa un papel predominante”. En el mismo sentido, Andrés Urrutia, Dr. en gerontología y Director del CEPRAM (Centro de Promoción del Adulto Mayor),  aporta que en esta etapa se abre la oportunidad de elegir un proyecto con mucha más libertad que en otros momentos, donde se está más condicionado por la cuestión económica, o por la educación de los hijos.

Todos percibimos el miedo y la angustia que significa el envejecimiento ya que implica pérdidas, finitudes y cambios. Urrutia explica que requiere mucha capacidad psíquica reponerse de los dolores que impone la vejez y, a partir de eso, proyectar, generar algo nuevo. Supone un movimiento de mucha vitalidad. Incluso, en varias personas gana la pérdida, la angustia y la rigidez, tienden a inmiscuirse mucho en la vida de sus hijos, hacerse cirugías plásticas, se niegan a dejar de trabajar o se aíslan en sus casas y agrega que “un síntoma no es un proyecto, quedarte en tu casa, no es un proyecto”. Proyectarse implica tener visión de futuro, superar el sentimiento de finitud de la vejez y los prejuicios de pasividad, teniendo en cuenta también que el mayor bienestar se produce cuando se está con otros. 

Según Serrat y Canella, la jubilación tiene tres fases: planificación, decisión y adaptación. Planificarla y establecer metas claras para el período post-jubilatorio se relacionan con una mejor adaptación a la jubilación y una mayor satisfacción con la vida tras la misma. Además, dicen que es un “proceso que comienza bastante antes del cese de la actividad laboral y que se extiende mucho más allá del mismo”. En relación a esto Urrutia dice que la forma más creativa de vivirlo es percibir la angustia o el movimiento que supone, entendiendo también que no es una disrupción sino una transición. 

 

Irene Graffi, psicopedagoga y alumna del CEPRAM hace 20 años, recomienda hacerse algunas preguntas para planificar esta etapa de la vida: ¿Nos informamos de posibles instituciones que contemplen al adulto mayor en su total dimensión? ¿Tenemos actitud de búsqueda y curiosidad para sostener mejor las pérdidas de esta edad? En el mismo sentido, Serrat explica que la búsqueda de un proyecto vital se puede relacionar con la idea del envejecimiento activo. Este concepto contempla tres dimensiones que sería recomendable tener cubiertas para una vejez satisfactoria: salud, seguridad (acceso a recursos materiales suficientes y un entorno que apoye el envejecimiento activo) y  la participación en actividades significativas. Éstas pueden estar orientadas a uno mismo (que tengan que ver con el ocio y ocupación del tiempo libre) y a los demás (familia y comunidad en general). Se trata entonces de aportar al desarrollo personal y comunitario.

El CEPRAM ofrece una opción integral de educación, psicología y salud para que personas mayores de 50 años puedan seguir proyectando su vida. La #ExperienciaCEPRAM incluye cursos y talleres de diversas áreas temáticas; proyectos de voluntariados; actividades culturales; viajes grupales y encuentros recreativos. Graffi es orientadora vocacional y en la institución se encontró con una nueva pasión: el teatro. Según ella, el CEPRAM “constituye un ámbito ideal para lograr satisfacer al adulto mayor con inquietudes de seguir creciendo intelectual y social y afectivamente”.

Para aprender algo nuevo, para realizar trabajos solidarios y comunitarios, para hacer nuevas amistades, para seguir practicando algo que te guste, el CEPRAM tiene sus puertas abiertas para recibirte. Las personas mayores tienen derecho a sentir que hay futuro y, desde esta institución, se ofrecen medios para pensar en proyectos: un recurso valioso para adaptarse positivamente a la etapa de la vejez y que, a su vez, actualiza el sentido de la vida. Porque, como definió la gran actriz China Zorrilla “envejecer es nada más que cambiar de gustos”. 

Por: Daniela Buyatti