#TratameBien también es inclusión tecnológica

Derechos de las personas mayores: autonomía y nuevas tecnologías

Estamos en medio de una pandemia mundial, cumpliendo el aislamiento obligatorio decretado producto de la expansión del COVID-19. En estos momentos, más que nunca, el uso de las nuevas tecnologías, especialmente, de las herramientas de internet, están en el centro de la escena como posibilidad de sostener desde nuestras casas la vida que teníamos. Hoy, más que nunca, se hace visible la brecha digital. No todos acceden a los dispositivos tecnológicos ni a los conocimientos necesarios para su uso. En esta brecha, la población de las personas mayores merece un capítulo especial. En primer lugar porque son la población más afectada por esta pandemia por los riesgos que implica su exposición al contagio del virus. Y, por otro lado, porque son las personas mayores las que están más alejadas del pleno aprovechamiento de las posibilidades tecnológicas.

Claro que es un problema preexistente que la pandemia puso en evidencia. En esta sociedad de la información, uno de los criterios que establece desigualdades entre los ciudadanos es el hecho de tener o no acceso a las redes de información y comunicación, a sus beneficios y comodidades. La edad es uno de los factores más importantes a la hora de analizar la brecha digital. Las personas mayores en las sociedades tradicionales tenían la responsabilidad de traspasar los conocimientos a las generaciones más jóvenes por su cúmulo de experiencias y sabiduría. Hoy, son los “nuevos iletrados” y parecen excluidos de la producción y acceso a la cultura emergente.

Desde el CEPRAM (Centro de Promoción del Adulto Mayor) hace muchos años, cada 15 de junio impulsamos la campaña #TratameBien en conmemoración del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la vejez. Este año no podemos desplegar nuestra campaña en la vía pública ni en grandes encuentros como habíamos planeado. Hoy debemos recurrir a la virtualidad para seguir informando sobre los derechos de las personas mayores y qué implica que los tratemos bien. Esta vez, queremos poner el foco en su derecho al uso y aprovechamiento de la tecnología. De poder incluirse en este sentido, la población de los adultos mayores mejorarían su calidad de vida y ampliarían sus posibilidades de acceso a derechos como autonomía, manejo de sus finanzas, autoestima, mayores redes de interacción y comunicación. 

 Las personas que se acercan a alguno de los cursos para aprender a usar el celular o la computadora en general lo hacen por las mismas razones. Algunos no quieren “quedarse atrás” o “quedarse afuera” de las posibilidades que la tecnología provee. Siempre dicen que sus parientes manejan todo muy rápido y no les tienen paciencia para enseñarles, que no quieren molestar ni “ser una carga”. Van a aprender con muchos prejuicios y temores en torno a los dispositivos tecnológicos y también hacia sus propias capacidades para aprender a usarlos. Son frecuentes las expresiones como “soy muy dura para aprender esto”, “esto no es para mí”, “tengo miedo de apretar algo y romper todo”, etc. La “tecnofobia” engloba un conjunto de sentidos negativos y miedos asociados a la tecnología que llevan a evitar el contacto, uso y conocimiento de los dispositivos tecnológicos. Esto no es exclusivo de las personas mayores, pero sí son la población que más manifiesta este extrañamiento con los avances en informática.

Entonces, en estos diálogos siempre nos encontramos en una contradicción: cómo relacionarse con dispositivos que nos dan miedo pero son útiles, que son extraños pero nos ayudan a comunicarnos, que nos dan inseguridad pero nos brindan posibilidades más cómodas, ágiles y seguras. Más allá de las dudas, temores y resistencias, hay un consenso sobre las ventajas que podría significar para ellos poder aprovechar el celular y la computadora en sus vidas. Por eso, merece un esfuerzo conjunto pensar estrategias para que las personas mayores puedan apropiarse de las tecnologías para ampliar su acceso a otros derechos.

La educación con personas de más de 50 años para el uso y aprovechamiento de las TICs abarca, por lo menos, tres dimensiones que son importantes a tener en cuenta: el aprendizaje del uso de los dispositivos; las nuevas posibilidades de educación y ocio que se abren en el contacto con la tecnología; y la tercer dimensión tiene que ver con el impacto en la subjetividad de la persona, en el autoestima por lograr un propósito que parecía inalcanzable y el aumento en la autonomía como consecuencia de esos aprendizajes. Pensemos por ejemplo en una persona mayor con problemas de motricidad que le produce serias dificultades para hacer trámites, realizar pagos, compras, visitar familiares, viajar, etc. Es fácil imaginar cuánto podría mejorar su calidad de vida si pudiera resolver estas cosas por sí misma, desde la seguridad y comodidad de su hogar. 

Hay que contemplar que el universo de las “personas mayores” es muy diverso. Como primer consejo, podemos decir que es importante conocer al grupo para poder desarrollar las estrategias de enseñanza según las características que posea: edades, grado de educación formal alcanzado, profesiones, experiencia en el uso de tecnología, acceso a internet y a los diferentes dispositivos, etc. Además, hay que hacer un esfuerzo por descartar el estereotipo que existe asociado a la complejidad en el acceso y uso de la tecnología cuando se tiene más de 50 años. Si atendemos a las características particulares de las formas en las que las personas mayores procesan la información y desarrollan los aprendizajes, veremos que son perfectamente capaces de apropiarse de los dispositivos tecnológicos.

Con el paso de los años se produce un cambio de los procesos cognitivos, sobre todo en los procesos cognitivos básicos relacionados con las estructuras del sistema nervioso. La inteligencia fluida, que engloba a las operaciones mentales que un individuo puede usar para resolver problemas novedosos sin ningún conocimiento previo, comienza a declinar en la adultez. También se producen cambios en la memoria que es la capacidad de registrar una información, retenerla o elaborarla y después recordarla. Comprendiendo estas particularidades, otro consejo que se desprende es que la repetición de los procedimientos favorece la fijación y memorización de los mismos. Por eso, es necesario promover la práctica en casa para incentivar la repetición de los ejercicios. La base del conocimiento del adulto mayor, está mejor organizada a partir de la práctica y la experiencia. Si ofrecemos un contexto adecuado para el aprendizaje, material organizado en nuestras clases o talleres, apoyado por manuales de procedimiento, facilitaremos el proceso.

Además, es recomendable generar “niveles” de aprendizaje, escalonarlo según las características del grupo. Ir de lo simple a lo complejo evita la frustración, que es la principal causa de deserción en las personas mayores. La falta de memoria y la ansiedad que les produce el contacto con la tecnología se puede contrarrestar empezando con ejercicios simples, realizables, que generen resultados concretos y visibles. Luego se pueden ir agregando elementos, complejizando los mismos procedimientos o traspolarlos a otras herramientas para aumentar el nivel de manejo y comprensión de las TICs.

Cabe mencionar que existen diferencias en los cambios cognitivos de las personas mayores determinadas por las condiciones de salud, personales y socio-culturales, pero en todos los casos, el uso de TICs aporta en la estimulación de los procesos cognitivos como la atención, la memoria y el lenguaje. Esto se ve altamente favorecido si el material que se les ofrece es significativo, es decir, encuentra anclaje y utilidad en la vida cotidiana de las personas. No se recomienda ahondar en en el lenguaje técnico de la informática, su universo conceptual, su historia, ni en las diferentes miradas filosóficas que convoca. Si se quiere abordar este tipo de temáticas es conveniente hacerlo de manera escueta y acotar el contenido de las clases o talleres a los procedimientos para usar las herramientas. Hay una relación directa entre la utilidad, el interés y la apropiación de las tecnologías. 

En ese proceso de apropiación, se dan también cambios en el área de lenguaje. Se incrementa el conocimiento semántico. Las personas mayores adoptan términos que parecían exclusivos de la juventud o de los expertos. Saber el significado y poder usar palabras como link, hashtag, googlear, etiquetar, chatear, entre muchas otras, impacta en el autoestima y la inclusión de las personas mayores en la comunidad. Esto se promueve en la enseñanza pero fundamentalmente, en las interacciones sociales, particularmente en los vínculos intergeneracionales. Que las personas adultas mayores continúen activas les permite también seguir desarrollando su creatividad, ejercitando su pensamiento, mejorar la imagen de sí mismos y aumentar su participación social.

Hasta aquí esbozamos algunas ideas que tienen que ver con las ventajas que representa el acceso y el uso de la tecnología para las personas mayores, algunas características del proceso de aprendizaje en esta población y consejos para el trabajo docente en esta área. Sin embargo, para garantizar la inclusión social de estos grupos y achicar la brecha digital se requieren esfuerzos mancomunados que van desde el plano de las políticas públicas, pasando por trabajos comunitarios, hasta el compromiso de los docentes para lograr los objetivos. 

El Estado debe asumir la responsabilidad de generar los mecanismos necesarios para lograr que las personas adultas mayores accedan a los dispositivos tecnológicos y a una conexión a internet. Desde organismos estatales, el sector empresario y bancario, sería beneficioso que se avance en la unificación de las plataformas y/o los procedimientos para las operaciones básicas como pagar, pedir turnos, consultar deudas, etc. Mejorar sus diseños, guías de usuario y modos de operar para que sean de fácil acceso. Además, desde el trabajo interinstitucional debemos construir redes para el soporte y acompañamiento en la apropiación de las herramientas. En esa red, sobre todo en el rol docente, acentuar siempre la confianza en que el otro puede aprender, enseñar con paciencia y amorosidad para contener a las personas mayores en este proceso.

Esta pandemia dejó en claro que el acceso a la tecnología nos brinda mayores posibilidades interacción y comunicación, resolución de trámites, aprovechamiento del ocio, entre otras. Imaginémonos este estado de excepción sin contar con las ventajas, acercamientos y facilidades que nos dan nuestros dispositivos. Esa reflexión nos permite empatizar con la situación en la que se encuentran las personas mayores, algunas sin siquiera acceder a redes de conexión, a smartphones, computadoras y otras, que poseen los dispositivos, pero sin la posibilidad de aprender a usarlos o aprovecharlos adecuadamente para su vida cotidiana. Urge democratizar estos conocimientos y ampliar el acceso a derechos de las personas mayores para contribuir a su inclusión en la comunidad y en la emergente sociedad de la información.

Por: Lic. Daniela Buyatti

Bibliografía consultada:

  • Boarini, Mauricio N; Cerda, Ernesto P; Rocha, Susana. “La Educación de los Adultos Mayores en TICs. Nuevas Competencias para la Sociedad de Hoy”. TE&ET. Revista Iberoamericana de Tecnología en Educación y Educación en Tecnología.
  • González, Gabriela Aldana (Centro Universitario Ecatepec, Universidad Autónoma del Estado de México); García Gómez, Liliana (Departamento de Investigaciones Educativas, CINVESTAV-IPN). “Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) como alternativa para la estimulación de los procesos cognitivos en la vejez”. XI Congreso Nacional de Investigación Educativa. 
  • Villar Posada, Feliciano. Capítulo 13: “Psicología, envejecimiento y educación”, 2003.