¿Podremos envejecer mejor?


Columna de opinón del Dr. Andrés Urrutia, publicada en La Voz del Interior a propósito del Día Internacional de las Personas de edad. Léala completa aquí.

El 1º de Octubre fue el Día Internacional de las Personas de Edad. La familia, en sus diversas configuraciones, sigue siendo más allá de su estructura cambiante, la institución social primaria de ayuda para quienes necesitan ser cuidados.


Por Andrés Urrutia

Doctor en psicología. Magíster en Gerontología. Prof. adjunto de la cátedra de Psicología del Adulto y la Senectud de la Facultad de Psicología de la UNC y profesor titular en la UCC.. Coordinador Académico del Centro de Promoción del Adulto Mayor, CEPRAM.

La Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 45/106, del 14 de diciembre de 1990, proclamó el 1° de octubre Día Internacional de las Personas de Edad. Este año está centrado en la promoción de estrategias mundiales de las Naciones Unidas que tiendan al logro del siguiente propósito: el mejoramiento de la calidad de vida de las personas mayores .

No podemos renunciar al envejecimiento, como tampoco podemos negarnos a crecer; sólo la interrupción de la vida, marca el límite real de nuestro desarrollo. En este sentido la premisa será cómo transitar mejor el recorrido que nos toca vivir.

El envejecimiento tiene diferentes aristas. Construir un todo que nos hable de qué es envejecer y cómo hacerlo integral y sanamente, implica hacer un recorte demográfico; luego, especificar las condiciones ambientales, sociales, culturales, históricas y económicas en las que nos desarrollamos y, finalmente, determinar los impactos diferenciales en nuestra salud, según nuestras redes sociales, los estilos de vida y la trayectoria vital de cada uno. Es decir, qué supimos hacer, mantener y construir con aquello que recibimos como herencia y legado.

Los efectos combinados de la baja fecundidad y mortalidad han afectado la estructura de edad de nuestra población. Hay una franca disminución de la población joven y un aumento neto y porcentual de la población mayor de 65 años con una mayoritaria sobrevida femenina. Hoy en el mundo más de 600 millones de personas tienen más de 60 años, dentro de quince años la cifra se duplicará y a mitad de este siglo, los mayores seremos cerca de 1200 millores de personas, la mayoría provendremos de países como el nuestro: en vías de desarrollo.

Las personas mayores de 65 años , hoy, además de ser muchos y estar en crecimiento, una de cada tres de ellas tiene alguna, aunque leve, limitación en su movilidad o en el cuidado personal. Al menos uno de cada dos, presenta algún padecimiento crónico (artrosis – artritis, disminución de las precisión de los sentidos, obesidad o trastornos cardiorrespiratorios o vasculares).

Con estas particularidades, los mayores de 75 años, son después de los niños, quienes demandan más atención a los adultos medios. A su vez los más viejos generan una mayor erogación en los servicios de salud, pensiones, atención primaria, hospitalización, tratamientos, rehabilitación, servicios de nutrición, de alojamiento, recreación, ocio, esparcimiento, entre muchos otros. Y todo esto acompañado hoy por una disminución de las reservas económicas públicas y personales.

Frente a esta perspectiva, intencionalmente sesgada en su arista más negativa y parcial de lo que representa la vejez y los viejos como grupo, aunque no por ello falaz o equívoca, cabe realizarse muchas preguntas.

Además de representar un alto costo la atención de los mayores, ¿no siguen ellos aportando apoyo a sus hijos en la crianza de sus nietos?. Aunque nos sean valores tangibles y tasables con los parámetros métricos de la economía. ¿Son estos aportes valuados socialmente o se pierden en la maraña discursiva de la lógica de producción de bienes y servicios? ¿Existe alguna cadena de valor que incluya a los continuos aportes de la mayoría de la gente grande incluidos y estigmatizados dentro la homogeneizante categoría de clase pasiva?. En síntesis, ¿es la vejez sólo un lastre para el desarrollo social y comunitario? como se muestra en muchas perspectivas economicistas que sustentaron políticas sociales y de salud en nuestro país y en el mundo.

Además de la pérdida de condición subjetiva que imponen las rigurosas reglas del juego de los homos economicus a quienes están excluidos, ¿existe algún grado de reconocimiento social e Intersubjetivo que jerarquice las funciones ejemplares de ciertos viejos? ¿Hay espacio, en la darwiniana carrera de los más fuertes, para quienes ya, más lentos, realizaron tiempo atrás sus contribuciones a esta sociedad?. ¿Quedan descartados los mayores al perder su aptitud re-productiva, como los elefantes viejos que entorpecen la marcha de la manada?

La historia ha ido demostrando que los miembros más vulnerables de la sociedad sufren menos marginación y desamparo en la medida que están contenidos en sociedades más prósperas e inclusivas.

Fundamentalmente, es necesario el cambio de paradigmas centrados en la previsión económica y en la teoría de la escasez de los recursos que se sintetizan en el sálvese quien pueda .

Es esperanzador pensar que en este cambio de sentido se incluyan ideologías centradas en la importancia de los cuidados y en el sostén multigeneracional. Sería importante incluir creencias vinculadas a “la bondad de la especie” más que en el canibalismo entre los individuos. Este cambio propicia el desarrollo de acciones protectivas. Estos gestos y los principios éticos y políticos que los sustentan resultan del reconocimiento de los múltiples otros en la especificidad de sus diferencias y en la universalidad de la condición de semejantes, de miembros de una especie poderosa y contradictoria, a la vez violenta y compasiva.

El reconocimiento de la humanidad en el rostro del que sufre nos rescata nuevamente como miembros de este género, aún y a pesar de los horrores que hemos podido infligir a nuestros congéneres a lo largo de la historia. Recuérdese que los viejos fueron siempre las primeras víctimas de diferentes genocidios, por su carácter descartable para trabajos forzados. Los últimos en recibir apoyo frente a situaciones de catástrofes y los eternamente imposibilitados de trasladarse o refugiarse en situaciones de migraciones forzadas por persecuciones étnicas, políticas o religiosas son los viejos. En situaciones que involucran la renuncia o el abandono de ciertos grupos de sujetos, los niños y las mujeres están primero, ya que en ellos está el porvenir, y en el fruto de su vientre, el futuro de la especie. Es la ley de la vida

Diferentes grupos y sujetos han sufrido y padecen de distintas formas de exclusión, marginalidad y violencia. En los distintos padecimientos se parecen grupos tan diversos, como los viejos, los niños, los discapacitados, los pueblos orignarios desterrados y masacrados, las personas iletradas o analfabetas, los refugiados por múltiples motivos y también quienes pertenecen a minorías étnicas, religiosas, políticas o tiene diferentes preferencias sexuales. Todos nos igualamos frente al sometimiento y a la prepotencia de las mayorías intolerantes. Paradójicamente también amplias mayorías silenciadas como las mujeres, las personas de sectores social y económicamente vulnerables, quienes están desocupados, las víctimas de la violencia, el abuso y el maltrato han sido y son sojuzgadas por grupos de semejantes que se aprovechan de manera deshonesta en virtud de la asimetría que el poder, el dinero o condiciones sociales o históricas les concedieron.

Por otro lado, frente a condiciones, muchas veces irracionales, que imperan en nuestras sociedades postmodernas, liberales, veloces y juvenales ¿qué hace que la mayoría de los adultos mayores no abandonen su marcha en medio de la estepa que a veces aparece árida y gélida?. Muy por el contrario la mayoría de las personas de edad, en la medida que sus posibilidades físicas, anímicas y económicas se lo permiten, mantienen un vigor, una vitalidad y un compromiso con las personas y sus actividades que es una expresión más de la continuidad de su trayectoria de vida.

¿Qué motiva también a muchos de los adultos de edad intermedia a que no los dejemos en la inclemencia del infortunio o de la intemperante soledad?. ¿Por qué nos los dejamos echados a su suerte o a las restringidas posibilidades que vienen de la mano de sus menguadas fuerzas, como la historia del viejo esquimal que renuncia a su grupo?

Considero que estas posiciones antagónicas están fuertemente relacionadas a la universal tensión que une las antípoda. El conflicto entre el cuidado y la negligencia, entre el amor y el odio, entre la vida y la muerte es una constante intrapsíquica, interpersonal y cultural. Tendencias contrapuestas, inherentes a nuestra condición humana que complementariamente se sostienen en un desparejo equilibrio, con triunfos y derrotas siempre parciales, siempre transitorias. Es edificante reconocer las formas expansivas en que nos desarrollamos; más aún, cuando por sobre la confusión gana la identidad, cuando prosperan en nosotros más las tendencias cuidadosas y que nos acercan a nuestros semejantes más necesitados que aquellas que nos aislan, que nos estancan y que nos inauguran un vejez mas desesperada y temerosa que una plenitud en compañía y cargada de significados positivos y trascendentes.

Sin lugar a dudas, de igual forma que envejece la población va envejeciendo la familia y también los hijos e hijas de mediana edad. Cuidadoras principales que están entrando en la vejez, con posibilidades que se van restringiendo y responsabilidades crecientes, primero vinculadas al cuidado y crecimiento de los hijos, para luego sumar las preocupaciones de los padres y madres mayores.

La familia, en sus diversas configuraciones, sigue siendo más allá de su estructura cambiante, la institución social primaria de ayuda para quienes necesitan ser cuidados. Recibimos el apoyo desde niños hasta que nos transformamos en personas de edad.

Contrariamente a lo que se cree la internación en residencias geriátricas no es la opción mayoritaria, aunque sea el mayor fantasma. El sostén familiar continua hasta que las fuerzas desfallecen y las capacidades y posibilidades de cuidado se extinguen. Así, en sus distintas formas, con divorcios, nuevos cónyuges, amalgamas, parejas del mismo sexo, la familia sigue brindando al adulto de edad mayor un auxilio de tipo material, emocional y social en la vida cotidiana y especialmente en los momentos de crisis. También la familia es, en algunos casos, la fuente de la que emanan las fuerzas que sostienen la violencia, la victimización y el abuso hacia los mayores.

Sin embargo, la familia como lugar de desarrollo, con sus contradicciones y las distintas formas de intercambio y de nexos que en ella acontecen (sanguíneos, políticos, o del corazón) marcan diferentes tipos de encuentros, distintas formas de vincularnos, de sostenernos, de amarnos, de odiarnos, aún de dañarnos. Cooperamos y competimos, nos complementamos y emparejarnos: padres – hijos; abuelas/os nietas/os; esposas y maridos; hermanos y hermanos, suegras y nueras, cuñados, primos y amigos, todos en su individualidad y en conjunto seguimos construyendo lazos perecederos e indelebles. Vivos o muertos, presentes y aún ausentes, lejanos o ausentes convivimos en el recuerdo, en la nostalgia o en el reproche. Conformamos una red que se tensa o se relaja de forma recíproca según nuestras necesidades, fortalezas o fragilidades a lo largo de nuestra vida y especialmente, en el inicio o en último tramo de nuestro viaje.

El llamamiento del 1 de octubre, es un día, un día más y uno especial. Es un día en el que invitamos a todos los ciudadanos a pensar en las cambiantes formas de envejecer, en el inevitable destino que muchas veces negamos, nuestro propio envejecimiento, que llegará si todo va bien. Reflexionemos no sólo sobre los padecimientos y sufrimientos de muchos viejos, si no también en sus contribuciones al resto de la sociedad, en el valor de su experiencia, en sus roles de actuales y antiguos cuidadores.

Hagamos un ejercicio de empatía; ¿cómo nos gustaría envejecer?, que importancia le concedemos hoy y en el futuro a la autonomía y a la independencia, al poder que implica la responsabilidad y la libertad de decidir, cómo y con quién vivir. Trabajemos por un mundo que sea más amigable para quienes hoy ya son mayores y para que la bienvenida a este largo trecho de la vida sea más cordial para quienes año a año nos iremos sumando a este creciente grupo de grandes personas.

Andrés Urrutia


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Comentarios de los lectores

Queridos Profesores del CEPRAM: Me encanta todo lo que Ustedes hacen por los Adultos Mayores. Yo no soy tan mayor pero sí he entrado en la etapa del “Disfrute” como yo le llamo a este tiempo en que ya crié tres hijos, me realicé profesional y laboralmente en la “Docencia” que es lo que después de mis “Queridos Hijos” y hoy de Mis Preciosos seis “Retoños”, que son mis “Adorados Nietos”; es lo que más amé.
Queridos Andrés y Marcela, necesito decirles que Ustedes forman hoy parte de mi vida. Espero con alegría el día de la semana que asisto a mis cursos desde hace cuatro años.Son Ustedes Contención para muchos de nosotros que no resignamos la Vida Social y en el CEPRAM la podemos seguir ejerciendo, por que estamos con nuestros pares, por que ocupamos nuestro merecido tiempo libre en seguir capacitándonos gracias a la preocupación y el esmero que ponen Ustedes por mejorar nuestra calidad de vida con reflexiones prácticas y sencillas que nos ayudan a vivir mejo y a comprender que no somos “Material descartable” como nos quieren hacer creer las sociedades capitalistas,superficiales y exitistas, donde solo vale “Lo Joven”, “Lo Lindo”, “Lo Exitoso”.
Ustedes nos han hecho concientizar que los verdaderos valores también nos pertenecen y que tenemos mucho para dar y enseñar a las nuevas generaciones. Que somos, todavía “Pilares Fundamentales” de Nuestras Familias y de la sociedad en general. Que podemos mediante nuestra experiencia trasmitir esos “Valores” que mucho bien hacen al grupo social al cual pertenecemos y a la sociedad en general que tan ocupada está en otras cosas…
Nos enseñan a elevar nuestra autoestima, a bajar de nuestras espaldas la pesada carga de la mochila llena de culpas que la época en que nos desarrollamos nos cargó.
En el CEPRAM sentimos que estamos ante Profesionales capacitados y responsables, que mucho hacen en la temática del “Adulto Mayor”, que Ustedes no son unos improvisados que solo quieren lucrar con nosotros. Que se preocupan por hacernos sentir bien, por que tengamos nuestros momentos de alegría y diversión.
La Nota de Andrés en La Voz del Interior nos llena de satisfacción por que en ella vemos Vuestro compromiso y preocupación en mostrar a la sociedad realidades que muchos no quieren ver o no les conviene ver.
Gracias por llamarnos no solo “Personas Grandes” sino también, “Grandes Personas” ya que muchos de nosotros estamos de vuelta de las “Miserias Humanas” que con más o menos conciencia hacen tanto daño a la “Humanidad”.
Espero que estas simples apreciaciones sean parte de la respuesta que Ustedes se merecen por la digna tarea que realizan.
Nuevamente ¡Gracias!
María Isabel Chaig

AY! nuestros amores incondicionales nuestros padres que la vida señala que calidad de vida esperan creo que la familia es el elemento indispensable para que ellos sean cotenidos y amados.

Andres:
La profundidad de criterio con la que enfocas este artículo, hace reflexionar a la persona que lo lee sobre la propia suerte de su envejecimiento, Yo espero que la vida nos de la posibilidad de entender nuestro propio proceso de mejor forma,que cuando estemos Biejos por bondad y por belleza seamos seres humanos aceptados y aún capaces de integrarnos social y familiarmente o si no que Dios de a nuestros hijos la capacidad de entendernos.
Sonia Andrade Tafur
Ecuador ASHOKA
PREMIO MANUELA CAÑIZAREZ 2006